Maria Spissu Nilson

“La mirada es alucinante, el tema terrible. Tan despiadado, Saturno de Goya devora a su hijo recién nacido en una famosa obra creada por él mismo. Es un óleo sobre yeso, transferido a lienzo por iniciativa de su sobrino, para intentar frenar el rápido deterioro debido a la fragilidad del material. Pero quizás fue la intención de Goya mostrar cómo el tiempo lo devora todo, incluido el trabajo. El mismo yeso frágil parece estar corrompido y rayado en las blanquísimas “pinturas negras” de Maria Spissu Nilson, hábil estudiosa de los materiales y las palabras que en esta serie de naturaleza informal logra, con asombroso equilibrio y síntesis de medios, presentar su propia reflexión personal sobre una de las grandes temas de la historia humana: el tiempo. Lo hace recurriendo al mito, reparando la naturaleza circular y lineal de Cronos: cíclico, eterno, inmutable, el tiempo de las estaciones que en el período de la cosecha renueva su fecundo significado: “Tu vientre es un montón de trigo rodeado de lirios”, leemos en el Cantar de los Cantares; un origen y un fin, el tiempo de la historia, del progreso, de los pueblos, de la fe, está grabado en grandes epígrafes excavados como reliquias que pertenecieron a esa Roma cuya grandeza fue redescubierta, en pleno Renacimiento, en un primer momento como advertencia a la efímera naturaleza de el hombre, luego como un redescubrimiento necesario de sus gloriosos orígenes y, finalmente, como una lectura romántica conmovedora y melancólica de los vestigios de una civilización extinta. El tiempo devora todas las cosas porque está en la propia naturaleza de las cosas cambiar con el tiempo; lectura científica a la que no escapó el gran Leonardo, que anotó el verso de Ovidio en una de las páginas del admirable Codex Atlanticus, entre estudios de máquinas y ejercicios caligráficos. Su interpretación se revela sobre los fondos claroscuro de las obras entre la belleza inmutable de los retratos y el devenir incesante de los elementos naturales. Tiempo absoluto y tiempo relativo, el concepto ha evolucionado en los milenios que separan a Aristóteles de Einstein. Hoy el tiempo encuentra su expresión matemática que representa Maria Spissu Nilson creando grandes estandartes cubiertos de fórmulas difícilmente descifrables referentes a los ritos iniciáticos. Y la mente vuela a la basílica subterránea de Porta Maggiore en Roma, un templo neopitagórico del siglo I, famoso por sus magníficos estucos. Pero el tiempo es también uno de los dones más preciados que una sociedad como la nuestra, dispuesta a devorarlo todo rápidamente, necesariamente debe redescubrir. La artista lo hace encomendando al incipit de un poema de Elli Michler la tarea de cerrar la exposición con la fuerza de una sonrisa amorosa.”

Efisio Carbone
Te deseo tiempo
(Elli Michler)
No te deseo ningún regalo,
Solo te deseo lo que la mayoría de la gente no tiene.
Te deseo tiempo para divertirte y reír;
si lo usas bien puedes sacar algo de él (…)

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